Cinco años sin el Cacique de la junta: anécdotas de Diomedes Díaz

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Han pasado cinco años desde que el mejor y más importante cantante vallenato, Diomedes Díaz, nos dijo adiós un 22 de diciembre de 2013.
En el recuerdo de sus seguidores, los más fieles, está la imagen de un ser sencillo que aún en la grandeza nunca olvidó sus raíces. Joaquín Guillén, uno de sus grandes amigos y quien fue su mánager por muchos años, conoce como pocos, intimidades e historias curiosas de Diomedes. Aquí te presentaremos algunas:

Casi graba con Héctor Zuleta

Tras el fracaso de ese elepé con Nafer Durán, Diomedes siguió cantando en parrandas y casetas en Valledupar, pero lo hacía con Héctor Zuleta, hermano de Poncho y Emilianito y quien fue asesinado el 8 de agosto de 1982.
Eran amigos y andaban para arriba y para abajo, se entendían porque ambos componían y eran grandes verseadores.
En cierta ocasión en la caseta matecaña en Valledupar iban a alternar Jorge Oñate y Poncho Zuleta. A Héctor lo dejaron entrar con Diomedes y tocaron con el conjunto de Poncho. Ahí los escuchó un representante de la CBS (hoy Sony Music) y le gustó.

Preguntó por ellos y Diomedes le dijo que había firmado un contrato con Codiscos para grabar con ellos dos LP y ya había salido uno. El tipo de la CBS llamó a Codiscos y de esa disquera le dijeron enseguida: ‘si quieres a Diomedes, llévatelo, ya te mandamos la carta de liberación’.
“Ellos (Codiscos) sentían que estaban ‘enhuesados’ con él”, cuenta Joaquín Guillén. Héctor no pudo grabar con Diomedes en la CBS porque sus hermanos mayores y la vieja Carmen Díaz, su mamá, querían que se dedicara a los estudios.

Colacho Mendoza y el impulso a la carrera de Diomedes

Tras la separación con Juancho Rois, Diomedes se unió con Colacho Mendoza, que era el acordeonero ‘estrato seis’, el único que entraba al Club Valledupar y tenía muchas relaciones porque era el acordeonero de Rafael Escalona.

Esa unión —dice Guillén— le dio mucha fuerza a Diomedes. Con Colacho estuvo desde 1978 hasta 1984. Se separaron porque Diomedes cargaba con Gonzalo ‘el Cocha’ Molina para todos lados y previo a una gira en Venezuela Colacho le dijo que no iba porque no era “llanta de repuesto de nadie”.

El Cacique emprendió viaje con el Cocha y en la frontera, antes de llegar a Venezuela, ya tenía compuesta la canción El gallo y el pollo: “aquí les traigo este pollo señores, a ver cómo se defiende en la valla. Gonzalo Arturo Molina es su nombre, pero el Cocha por cariño lo llaman…”.

“Hombe, yo quería un Conguito de esos”

En 1983 Diomedes Díaz ganó su primer Congo de Oro y al año siguiente Guillén le propuso presentarse de nuevo en el Festival de Orquestas del Carnaval de Barranquilla. Diomedes le dijo que no tenía canción porque su disco lo había sacado el 26 de mayo del año anterior y el Binomio de Oro tenía el LP nuevecito.

“Ese Congo es de ellos, vamos a hacer el ridículo”, dijo.

Finalmente accedió y cuando iban en viaje se detuvieron en Ciénaga a tomar jugo y le pidió a Jaime Pérez, su presentador, que le diera nombres de personalidades de Barranquilla. Jaime le mencionó a Esthercita Forero, Édgar Perea, Junior, el estadio Metropolitano.

Con estos datos Diomedes empezó a escribir. Cuando llegaron al Puente Pumarejo ya tenían montada la canción Regalo a Barranquilla. Se presentaron el Martes de Carnaval, eran tres canciones y la última fue Regalo a Barranquilla.

La gente se enloqueció. “Nos fuimos para el hotel Cadebia a esperar el fallo y cuando sale: ‘Diomedes Díaz, fuera de concurso’. ‘¿Y eso qué es?’, me preguntó. ‘Fuera de concurso es que usted no tenía contendor, compadre’, le dije”, cuenta Guillén.

La respuesta de Diomedes sorprendió a todos: “Hombe, yo me hubiese conformado con un tercer puesto, yo lo que quería era un conguito de esos”.

Respuestas y salidas geniales

Una vez se armó una tiradera de botellas en un toque en Barranquilla porque Diomedes no había llegado. Cuando subió a la tarima dijo: “los que están tirando botellas no son de Barranquilla, porque en Barranquilla me reciben con aplausos”. La gente se detuvo como paralizada a verlo.
En otra ocasión el periodista Isaac León le dijo: “Diomedes, te veo flaco”, a lo que el Cacique le respondió: “Los que tienen que estar gordos son los cerdos y los novillos”.
Otro día, antes de un toque, Guillén le dijo que tenía una legaña en el ojo. “Déjela ahí, que ese es el puesto de ella”, le dijo Diomedes.

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